El protocolo familiar

Muchos estudios indican que alrededor del 70% de las empresas de origen familiar NO supera la segunda generación y tan sólo el 15% es capaz de sobrevivir a la tercera.

Un grupo de especial riesgo es el formado por sociedades que desde su origen han tenido una idiosincrasia autocrática alrededor del fundador. En estos casos, muchas veces, la falta de profesionalización, comunicación y delegación, deja a la deriva el proceso de relevo.

 

Ya sea porque las visiones de futuro de los miembros de la segunda generación son diferentes, porque la comunicación no ha sido ni regulada ni buena nunca, porque alguien pretenda continuar con una actitud “acaudillada” sin el beneplácito de todos los implicados o porque, sencillamente, el fundador no tuvo descendencia, la supervivencia de la empresa, la mayoría de las veces, se ve en entredicho.

Afortunadamente, no es algo que siempre ocurra. Codorniú, fundada en 1551, es la empresa familiar más antigua de España, en gran parte debido a su protocolo familiar.

 

El Protocolo Familiar es un documento en el que los socios, los legítimos futuros socios por derechos hereditarios y, eventualmente, otros familiares, plasman determinados acuerdos alcanzados con la finalidad de regular el funcionamiento interno de la empresa familiar en el presente y en el futuro. E, igualmente, las propias relaciones profesionales, económicas e incluso personales entre los miembros de la familia y la empresa, en la medida en que afecten a esta última. Parte del proceso conllevará los siguientes pasos:

Analizar en profundidad, con tiempo, seguramente a través de expertos profesionales externos,las posibilidades futuras de la empresa y de las personas que están en disposición de asumir el mando.

Establecer las funciones de cada uno de los miembros, lo cual se debería pactar según los intereses, habilidades y formación de los miembros de la siguiente generación.

Definir la vinculación con la empresa. Por ejemplo, un familiar puede ser trabajador (gestión) y accionista (propiedad), pero estar desvinculado del gobierno de la firma y no asumir, por tanto, funciones de consejero.

Constituir un consejo de administración y otro de familia que pueda facilitar una comunicación dirigida y ordenada.